miércoles, 3 de noviembre de 2021

MI TRASTORNO DE ANSIEDAD (y como lo pude superar)


En Noviembre del 2020 (el año del COVID) volví a Ecuador para visitar a mi familia. 

Poco sabría que ese sería el comienzo de una pesadilla interna que había ignorado por meses, talvez años.  Empecé meses antes con taquicardias y palpitaciones en la madrugada, además de pensamientos que me dificultaban retomar el sueño. Yo pensaba que esto era normal, ya que mi esposo Patrick tiene la misma dificultad al despertar en las madrugadas. Ambos pensamos demasiado las cosas ("overthinkers"), y nos gusta resolverlo todo en el momento y no dejarlo para después. 

En todo caso, después de unos meses de esto, me di cuenta que había bajado mucho de peso, más de lo normal. Cuando conocí a Patrick pesaba 150 lbs y al pesarme esta vez, vi con horror que había adelgazado 25 lbs sin ninguna razón. Algo que nunca me había pasado, sobretodo porque seguía comiendo de todo y bastante. Eso me hizo pensar que algo no estaba bien, pero imaginé que sería algo físico, no mental. Estaba equivocada.

Al llegar a Ecuador, mi delgadez fue evidente para mi familia. Mis padres y hermana no me lo hicieron  notar, pero sí mis abuelitos. Eso me alarmó más, por lo que una mañana me desperté y mientras me desperezaba en la cama, me toqué la barriga y subí con mis manos hacia mis costillas, sintiéndolas claramente, y me di cuenta lo delgada que estaba, asustándome mucho, más de lo normal.  Desde ahí se disparó algo aterrador que no me soltó por meses. Era una angustia permanente acompañada de una sensación de electricidad que me recorría todo el cuerpo, todo el día, sin parar. Sentía que iba a morir y todo me daba miedo: salir, estar sola, estar acompañada, vivir. No sólo es la sensación física, sino el terror constante que llena tu mente de oscuridad.  Siendo yo una persona a la que le gusta controlarlo todo, el no poder con esto que sentía físicamente, ni lo que pasaba por mi mente, me llenaba de más angustia, transformándose en un círculo vicioso sin escapatoria. Y como muchas personas que piensan “esto nunca me va a suceder",  yo también pensé que esto jamás me pasaría, pero me pasó, y tuve que aceptar esta realidad como mía.

Afortunadamente, yo no puedo dejar las cosas así, y al darme cuenta que esto ya era un problema mental, aunque dentro de mi seguía obsesivamente pensando que tenía una enfermedad grave por mi pérdida de peso, decidí pedir ayuda. Inmediatamente me eché a la búsqueda y encontré a una psiquiatra y una psicóloga. También fui a ver a una amiga gastroenteróloga porque tenía ardor estomacal y obviamente pensé que tenía la peor enfermedad, y que por eso había bajado tanto de peso. Mi gastroenteróloga me dijo que lo más probable es que sea una úlcera por estrés y me envió tratamiento, además de unos exámenes que no pude hacerme por miedo al resultado (yo seguía pensando que era algo más grave que una úlcera).

Mientras tanto, mi psiquiatra me diagnosticó Trastorno de Ansiedad con inicios de depresión y Trastorno Obsesivo Compulsivo. No me sorprendió porque mis síntomas eran sumamente fuertes y pedía a gritos que me mediquen (los gritos estaban en mi mente, no le grité a la doctora por si acaso). Fue un alivio cuando la doctora dijo que lo iba a hacer, pero esa medicina recién haría efecto en unas 4 semanas. Mientras tanto, debía usar otro ansiolítico de efecto más inmediato para poder aguantar los días y dormir en las noches. Desafortunadamente no me ayudó mucho en los días ya que sólo me sedaba un poco, y la ansiedad y el terror... bien gracias, seguían ahí, intactos. La dosis más alta del ansiolítico que me tomaba en las noches sí me ayudó a dormir, y realmente necesitaba ese descanso, para poder levantarme con algo de energía y poner manos a la obra para recuperarme. No es fácil ya que a veces lo que quieres es solo dormir y olvidarte de todo, pero mi mente tampoco me dejaba seguir descansando, así que lo mejor era moverme. 

La psiquiatra me ayudó a entender que mi estado físico estaba íntimamente ligado a mi estado mental, y que mi pérdida de peso era consecuencia de la pérdida de energía constante, causada por un desbalance químico que mi mente ocasionó, por mi predisposición genética de ansiedad (químicamente tenía el cortisol y adrenalina que son hormonas de estrés, sumamente elevadas y la serotonina a la que le llaman la hormona de la felicidad, sumamente baja). Básicamente estaba en un estado de alerta constante, como si siempre estuviera en peligro. 

Con mi psicóloga el tratamiento se basaba en aprender a manejar mi mente crónicamente ansiosa, y ver las situaciones de forma completamente diferente a como lo había hecho hasta ahora. Es decir, aprender a desaprender muchos malos hábitos de mi pensamiento, como es el deseo de controlarlo todo, y el empezar a ver las cosas desde una perspectiva más realista, más positiva y menos catastrófica. La verdad, yo soy una terrible ¨adivinadora del futuro¨, ya que todos esos pensamientos trágicos nunca se han cumplido y muy posiblemente jamás se cumplan. 

Como yo soy obsesiva, (ahora ya diagnosticada y algo que irónicamente utilicé para mi beneficio en mi recuperación) me dediqué a investigar día y noche sobre mi trastorno y la forma como salir de ese estado. Empecé a seguir una dieta saludable que me eleve esa hormona de la felicidad y me ayude a subir de peso: banano, aguacate, huevos, lácteos, cereales integrales, legumbres, carnes blancas, y mucha agua para estar hidratada. También me levantaba muy temprano a caminar.  En esas caminatas trataba con dificultad de disfrutar de los árboles, el cielo, los pájaros, a estar más atenta de lo que pasaba a mi alrededor y menos de lo que pasaba en mi interior.  Además aprendí a meditar con aplicaciones y con vídeos que te enseñan a hacerlo, te guían y ayudan mucho a relajarte. 

Mi camino a la recuperación no se detuvo ahí. El primer día de mi ansiedad constante recibí la llamada de una amiga muy querida: Patty. Ella me escribió preguntándome si estaba bien. Fue un mensaje sorpresa, sin un motivo especial, sólo había visto mi fotografía y decidió contactarme. Ese mensaje me hizo abrirme con ella y contarle todo lo que me estaba pasando, y ella me dijo algo que me dio una nueva esperanza en una nota de voz. Me dijo: "Andrea tú eres muy especial, y esto que te está pasando es un llamado, Dios tiene algo contigo. Búscalo." 

Yo siempre he dicho que creo en Dios, pero nunca realicé una búsqueda profunda, o tuve esa curiosidad para conocerlo bien y realmente enamorarme de El. Y empecé a orar todos los días y no sólo eso, a buscar escritos y videos de personas que habían superado su ansiedad con El. Y encontré tesoros en internet. Encontré a personas que daban maravillosos consejos que aliviaron tremendamente mis días y me ayudaron a seguir.  De los videos que más me llegaron, debo mencionar los de un chico llamado Alfonso Guenique (se los aconsejo, pueden encontrarlo en YouTube). Un joven escritor español que cuenta con gran detalle su primer ataque de pánico en un viaje de Año Nuevo a Madrid. Me sentí muy identificada con él y con lo que sentía; y la forma como fue superando esa pesadilla que vivió, gracias a como fue acercándose cada vez más a Dios y como fue creciendo su Fe. Sus palabras me llenaron de tanta esperanza que veía sus videos todos los días, lo cual me daba mucho alivio en medio de esa tormenta que tenía por dentro. Mi trastorno obsesivo se manifestaba en la diaria búsqueda de sus grabaciones, tanto así que lo encontré por redes sociales para agradecerle por compartirlas.  Pensé que debía saber como sus experiencias relatadas me habían dado mucha paz y que quizás hasta podrían haberme salvado la vida. Y su respuesta fue muy cariñosa y llena de una sincera alegría al saber que tanto bien me había hecho, así sin conocerme. Otro ángel más de tantos que me levantaron, talvez sin darse cuenta. 

Y así Dios siguió mostrándome el camino... Una mañana que estaba desayunando con mi esposo, me llamó una chica llamada Delia, y me dijo que quería hablar de Dios. Yo no pensé nada, sólo dije "sí". Empezó a llamarme todos los jueves para estudiar la biblia y me acompañó en momentos muy difíciles. Delia se convirtió en una gran amiga y hasta ahora estudiamos juntas. 

El verdadero descubrimiento de Dios, el conocer su palabra, su amor tan grande por nosotros, el saber que nunca estuve sola y que El sigue ahí, me ha llenado la vida. Dios me ha dado la maravillosa familia que tengo: mi hermana que supo decirme las palabras precisas, que me conoce como nadie, y siempre supo ver como me sentía, llegando en los momentos de mayor desesperación. Mi mamá que con prudencia y amor me ayudaba a comer bien sin criticas ni presiones, que sabía respetar cuando necesitaba estar sola, y quien siempre me demuestra la confianza de que puedo superarlo todo, incluso esta enfermedad. Mi papá que siempre está presente y sabe como hacerte sentir protegida. Mi esposo que sin entender lo que me pasaba (realmente nadie lo entiende hasta que lo vive en carne propia), su amor y su compañía supieron hacerme sentir amada y acompañada. Mis sobrinos maravillosos y especiales,  que tan solo con su presencia, me dan más fuerzas. Y mis amigas hermosas que me llamaron en el momento de mayor necesidad, ayudándome a conocer y acercarme a Dios. 

Poco a poco fui ganando fuerzas, a subir de peso, y después de varias semanas de caminatas diarias con la cabeza baja y con lágrimas en los ojos, pude levantar la cabeza, cambiar las lágrimas por sonrisas,  y correr, correr como nunca antes lo había hecho, con una nueva ilusión y una profunda gratitud. Empecé a realmente disfrutar de todo lo que que veía a mi alrededor, los pájaros, los árboles, las personas que pasaban, el cielo, el viento, y a sentir una felicidad nueva, más real e intensa que la que había sentido jamás. 

Ahora sé que todo en mi vida es una obra de mi Padre Dios, quien nunca se alejó de mi lado, y quien sabe lo que puedo manejar y lo que me dará más valor, más sabiduría, y un propósito noble que aún estoy descubriendo. 

En este descubrimiento sigo, enamorándome cada día más de la vida y sobretodo de Dios. Desde que empecé a orar diariamente, aprendí a agradecerle cada mañana, aún en los días más difíciles. En esos días de más profunda oscuridad oraba: ¨Gracias por este dolor Señor, porque me enseñas a luchar más, a ser más fuerte y a aprender a levantarme.¨  Y algo que aprendí de los videos de Alfonso y por los consejos de mi hermana es que debemos aprender a pedir, y que pedirle a Dios que me ayude a ser feliz y a hacer felices a los demás,  quita mucho el enfoque en el propio dolor, y ayuda a concentrarnos más en las otras personas.  En ese descubrimiento mis estudios bíblicos toman una especial importancia. Los realizo tanto con Delia como con Patty, y son los que me llevan a tierra, o mejor dicho, al cielo, más cerca de El, y ese es mi propósito, conocerlo, amarlo y seguirlo. 

Este escrito era algo que tenía que realizar, porque nunca quiero olvidar el momento más oscuro de mi vida, ya que los momentos más oscuros, forman el carácter, alimentan el espíritu y limpian el alma y el corazón.

Todo lo que me pasó y todas las personas que ayudaron a mi recuperación, tienen un lugar muy especial en mi corazón. Yo siempre seré ansiosa, y cada día debo recordarme que lo soy para no dejar de lado todo lo que aprendí en ese camino y evitar desviarme. 

Si sientes algo parecido, por favor, no dudes en buscar ayuda profesional, apóyate en tu familia y amigos, en las personas que sabes que te quieren bien, y no dejes de buscar ayuda espiritual. De esa forma tu alimento es completo y te aseguro que vas a poder superarlo si eres constante y agradecido, hasta de lo malo. 

Esto es para ti, para que sepas que cuando llega ese momento oscuro a tu vida, es porque eres muy especial y Dios tiene algo contigo. Búscalo, El te está esperando. 

martes, 12 de octubre de 2021

LAS CICATRICES (Esto no es un poema)

 


Las cicatrices son el mejor tatuaje, 

son el accesorio ideal

para complementar tu traje

y hacerte más bello y real.


Aquellas marcas son las que guardan

aquellos recuerdos como un diario

donde al tocarlas, talvez sonríes, talvez lloras, 

talvez te emocionas, talvez te lamentas, talvez te arrepientas, 

pero nunca podrás negar... que viviste con intensidad. 


Amo mis cicatrices,

mis tatuajes de la vida

que llegaron a mi sin tinta, y gratis.

lunes, 25 de enero de 2021

MI CORAZON INQUIETO


Tengo un corazón inquieto y rebelde  

que sube y baja sin pena ni esfuerzo

tiene su propia energía y ritmo

y corre cuando menos lo espero.


Tratando de alcanzarlo me alimento

de aire, de rezos, de suplementos

de muchas horas interrumpidas de sueño

y mi Fe que es mi mejor sustento.


Su energía es algo que envidio

ya que nunca se cansa de cambiar

en muchos momentos se convierte en un martirio

pero en otros me inspira a cantar.


Mi corazón siempre ha sido veloz

era difícil para mi poder aceptarlo

era como un ser extraño dentro de mi

mas ahora no quiero cambiarlo.


Ahora te conozco más mi corazón

eres quien me ha despertado de mi letargo

quien me devolvió la verdadera sonrisa

y ahora puedo vivir sin prisa.


Ahora sí acepto tu ritmo cambiante

ahora sí me conecto contigo

porque tú eres lo que yo soy

y en tus dos tiempos de serenidad y locura me encuentro hoy.

viernes, 30 de octubre de 2020

EL PAÍS DE LA FANTASÍA

Mi país de la fantasía, 
lo conocí al mediodía 
cuando me reconocí en aquel espejo 
de marco dorado y disparejo. 

Para llegar a este hermoso lugar, 
un gran ascensor debía tomar, 
del cual emanaba una suave tonada, 
que todos los días me convocaba. 

Hasta parar en aquel piso,
donde abría las puertas al paraíso, 
donde los niños fuimos más libres, 
donde nos sentimos invencibles. 

Aquí el rey era un colosal árbol
que nos cubría de la lluvia y el sol,
que nos regalaba una bienvenida,
junto con algo de su sabiduría.

Las plantas me hablaban y saludaban, 
las mariposas volaban y me cantaban, 
los saltamontes jugaban y me decían, 
qué camino en el césped tomarían. 

Y así al final de aquel día
todos te regalaban una poesía,
y un "hasta pronto" con la promesa,
de que a este país siempre se regresa.

Mi regreso al país de la fantasía,
empieza con las memorias de aquel día, 
donde me vi por primera vez, 
y mantuve intacta mi niñez.

Para mis sobrinos... que tengan siempre en sus corazones su propio país de la fantasía y nunca muera el niño que tienen en su interior. Los amo con mi vida!

lunes, 3 de agosto de 2020

A MI TÍA OLGA


Mi tía Olga... ¡Qué ser tan especial que fue! Creo que no conocí a nadie más dulce y dedicada a sus sobrinos como ella. Su sonrisa tímida y pícara cuando alguien hacía algún comentario imprudente, y su mirada de asombro algo escondida al bajar la cabeza y ponerse la mano en la mejilla para que no la vean. Nunca olvidaré como se reía tapándose la boca cuando ocurría algo muy chistoso, ni de todos los momentos que ella me regaló y que tuve la suerte de compartir con ella.  

Mis primeros recuerdos de ella son cuando yo era muy pequeña, estaba en la Escuela Moderna y mis padres trabajaban, así que ella siempre me pasaba recogiendo en su carro azul. Me llevaba a su casa en la ciudadela Bolivariana que compartía con su mamá, mi abuelita Mechita (realmente mi bisabuela);  y me tenía siempre mi comida favorita: sandwich de queso caliente y coca cola (porque yo era "difícil" con la comida).  A la coca cola le decía "cola en whisky" y la historia de ese nombre radica en que en cada reunión familiar yo había sido testigo de la adición de ese conocido licor a esa famosa gaseosa en las bebidas de los adultos. Así que, como yo también quería sentirme importante le dije que por favor le añada whisky a mi cola, entonces cada vez que me servía un vaso de coca cola me decía: "Aquí le estoy preparando una cola en whisky".  En todo caso, mis almuerzos en su casa eran siempre en la sala, frente al televisor donde tenían tres sillas con un banquito al frente para levantar los pies. La tercera silla era para mi, más pequeña obviamente, con un banquito igual de chiquito. Nos colocábamos las tres ahí muy cómodas y a la vez previniendo la mala circulación en nuestras piernas, algo que agradezco inmensamente hasta el día de hoy. Una vez sentada, me ponía mi mesita al frente y comía muy contenta mientras veíamos la televisión. No recuerdo los programas, sólo recuerdo que esos eran momentos de mucha felicidad y paz para mi.

Algo que ella y yo siempre compartimos fue nuestro gusto por el cine y nuestro hoyuelo en la mejilla. En cuanto al cine, nos gustaba mucho ir al Maya, que quedaba en Urdesa. Ella hacía de esas salidas todo un evento, invitando a todos sus sobrinos-nietos a la vez. Una anécdota que hasta ahora recordamos con mis primos, es que tenía siempre preparado un picnic que llevaba en su cartera (o ¿era una canasta?), y que sacaba cuando empezaba la película. De esa forma, no teníamos que hacer fila para comprar en el teatro la comida, sino que ya teníamos todo listo. La comida era nutritiva y distaba mucho de lo que podrían imaginarse comer en un cine, hasta ahora también recordamos con nostalgia la variedad de esa dieta. Ahora que lo pienso mejor, con todos los sobrinos que llevaba, era lo más práctico, para así evitar que alguno se le escape. Todos éramos bastante inquietos así que no ha de haber sido fácil controlarnos.

Cuando crecí, nuestro gusto por el cine nos acercó más, sobretodo por las películas de terror. En esa época mi bisabuela ya había fallecido así que mi tía vivía sola. Yo era (bueno aún soy) sumamente miedosa, así que me quedaba en casa de mi tía para ver esas películas y dormir a lado de ella. Yo la admiraba porque cuando ella estaba sola también las veía ya que eran sus preferidas, y yo le preguntaba si podía dormir tranquila y me decía que sí. Para mi eso era increíble porque yo jamás habría podido hacer eso, peor después de ver Martes 13 o Halloween, (no sé si mis papás sepan que eso veía con mi tía a esa edad jaja). Pero a ella creo que jamás la vi mostrar temor, y esa falta de temor no sólo se limitaba a las películas, sino a toda su vida. 

Ella fue una de las personas que más me apoyó cuando decidí estudiar Medicina. Ahí descubrí algo que también nos acercó mucho más y que me hizo comprender que yo iba a cumplir uno de sus más grandes sueños. Ella había estudiado Medicina hasta el segundo año, y era, junto con otra compañera, la única mujer en su aula. Pero a ella eso no la intimidaba o importaba, estaba feliz de poder estudiar en la universidad y ser doctora. Desafortunadamente, por cosas de la vida, tuvo que abandonar su sueño y empezar a trabajar. Eso le dio mucha tristeza, pero su sentido de responsabilidad fue más fuerte, y consiguio un trabajo en una empresa llamada EMELEC donde trabajó y se destacó por muchos años hasta llegar a jubilarse ahí.  Por esta razón, cuando le dije que estudiaría Medicina, se emocionó mucho. Fue tanta su emoción que hasta me compró unos libros de Anatomía para que pueda pasar mi primer año. Los años pasaron y siempre conversábamos sobre mis clases y la universidad. Y lo mejor es que me pudo ver terminar mi carrera y fue mi carrera la que me permitió estar ahí cuando empezó a enfermarse, dándole un poco más de tranquilidad y alivio cuando no entendía lo que le pasaba.

Y así, hay tantas historias que podría contar sobre mi tía, pero serían para escribir un libro: el como amaba celebrar sus cumpleaños con toda la familia, y como lo hizo hasta que su cuerpo se lo permitió, el intercambiarnos libros que nos gustaban, el como le encantaba usar lindos vestidos y el como odiaba usar lentes,  las lindas conversaciones que tuvimos en nuestros almuerzos que acordábamos días antes para compartir unas horas sólo ella y yo...y  me detengo aquí porque esos días fueron verdaderamente memorables. En esos almuerzos tuve la oportunidad de conocer mucho más sobre ella y su vida, sobretodo su vida pasada. A ella no le gustaba mucho hablar de eso, era muy reservada, por lo que el que me haya dado esa confianza me hizo sentir muy afortunada y siempre estaré muy agradecida por haber logrado escuchar esas historias directamente de ella. Lo único que lamento es que no haya podido asistir a mi boda o conocido a mi esposo. Sé que le hubiera encantado estar presente y hubiera disfrutado muchísimo.

Ahora que ya no está, extrañaré verla en las reuniones familiares (a las que nunca faltó), recibir de ella sus regalitos a escondidas con una palabra cariñosa, verla en ese lugar donde siempre se sentaba para ser espectadora de todo lo que acontecía a su alrededor. La casa podía estar llena de gente, pero su presencia era lo que realmente la llenaba, le daba una sensación de confort, de respeto, de elegancia, y para mi el sólo saber que estaba ahí me hacía sentir que estaba en familia. Eso logran las personas que sabes que te quieren de verdad, de manera incondicional, y que no importa donde estés o cuánto tiempo pase, el verla o escucharla te da seguridad y fuerza; porque sabes que te acepta tal cual eres, que quiere lo mejor para ti y que te recibirá siempre con los brazos y el corazón abierto.

Esa era mi tía Olga, una mujer llena de amor, un ejemplo de vida, una maestra de bondad, honestidad y nobleza; una mujer prudente, trabajadora, y muy peculiar. La extrañaré inmensamente, pero sé que ella siempre será parte de mi porque ella es parte de quien soy, con ella crecí y de ella aprendí mucho. Mi tía querida, por usted me tomaré otra cola en whisky para celebrarla, ahora que está ahí, en esa otra dimensión, donde espero esté celebrando con esa otra parte de la familia que ya se ha ido; y donde sólo los grandes seres que han pisado esta tierra merecen estar.  Salud por usted tía querida!

sábado, 6 de junio de 2020

PROTEGE TUS IDEAS

No permitas que tu mente se rinda ante las multitudes, sé valiente, auténtico y desarrolla tu pensamiento crítico. Vital en todos los tiempos. Vital en este tiempo.
Si hay algo que no te parece correcto, así la mayoría a tu alrededor diga que lo es, no dudes en expresarte, trata de ser preciso en tu lenguaje y respetuoso, pero no temas decir lo que tienes que decir.
Cuestiónalo todo, sé curioso, y ten la mente abierta para aprender, ya que toda historia tiene dos caras (a veces más de dos). Cambiar de opinión no demuestra debilidad, sino fuerza de carácter: si lo haces con convicción y conocimiento; no por presión o temor. Escucha para comprender lo que la otra persona tiene que decir, el hecho de que no piensen igual, no necesariamente la hace una mala persona o que esté del todo equivocada. Cada persona tiene una distinta forma de ver la vida, y ha pasado por diferentes situaciones, que posiblemente han formado su pensamiento y su criterio. No descartes que puedes aprender del otro, tal vez sobre eso puedan encontrar un punto de acuerdo. Si no es el caso, y estás seguro de tus ideas, así como los demás de las suyas, no dejes de defenderlas, y no pidas disculpas por pensar diferente; sobretodo si tu intención es noble y se basa en construir, no destruir. No puedes controlar como actúan los demás, sólo como actúas tú.

Trata de rodearte de personas más inteligentes que tú. Nunca dejes de aprender, la sabiduría no tiene edad, más bien se logra con experiencia y aprendizaje constante. Como dijo Jordan Peterson: "Lee a grandes personas, escribe para que aprendas a pensar, y habla para que aprendas a dialogar. Eso te hará increíblemente poderoso".

viernes, 24 de abril de 2020

HÉROES


HEROES

Ahora salir de casa es casi como ir a la guerra. Las esposas se angustian cada vez que a su esposo le toca el día que debe salir a hacer las compras. Muchas tal vez no duermen bien la noche anterior, capaz no han dormido bien ninguna noche, pero ésta, en especial, es la noche más insomne y turbia de la semana. Llega la mañana y les vuelven a dar todas las indicaciones a sus esposos para que eviten contagiarse (aunque ellos ya se las saben de memoria); pero pensamos: mejor repetir ya que los hombres son menos cuidadosos que nosotras (o al menos eso creemos). Que no se toquen la cara, que lleven el gel de alcohol, que se limpien las manos cada vez que tocan algo, que pongan el alcohol en la manija del carrito de compras, que usen su mascarilla, y si es posible, un casco con plástico transparente para protegerse la cara, que no se rasquen los ojos ¡así no aguanten! (esta última se la repito mucho a mi paciente esposo). Bueno, todo eso pasa por las cabezas de las mujeres. Y los hombres...es muy probable que ellos tampoco hayan dormido, ni la noche anterior, ni ninguna noche. Salen de casa con cautela y con el corazón en la mano, saben el riesgo que corren, saben que pueden enfermarse, saben que deben gastar más dinero del que no tienen, y saben que deben pensar como volver a producir para seguir alimentando a su familia. Pensamientos que a cualquiera podría causarle un ataque de pánico, pero su nivel de estrés ya ha sido superado por su instinto de protección y supervivencia. Los mismo en aquellas familias donde sólo hay un papá o una mamá, la diferencia es que esos pensamientos no son compartidos, las preocupaciones se duplican. Pero todos siguen, con el pecho estrujado, con el corazón palpitando a ritmo acelerado. Por dentro caos, por fuera serenidad, una falsa serenidad que está para mostrarla a aquellos que dependen de su estabilidad física, mental y emocional. 

Si en la familia hay un médico, una enfermera, un policía; personas que estarán en contacto con otras y que deben trabajar por varias horas, la angustia se triplica. Muchos ni siquiera pueden volver a casa, o abrazar a sus hijos. Deben aislarse para no contagiarlos, para protegerlos. Profesionales que si bien eligieron su carrera, jamás se imaginaron vivir algo como esto, pero que tuvieron que aprender en tiempo récord a manejar y manejarse dentro de esta batalla desigual. Muchos cayeron abatidos, perdiendo la vida, infectados por grandes cargas virales que su cuerpo no pudo resistir; personas que jamás serán olvidadas. Otros lucharon hasta que lograron superar su infección y vencer y otros aún están luchando para superarla. Tenemos a los que han corrido una mejor suerte, que han podido desviar al virus, al menos momentáneamente, pero que siguen en el campo de batalla haciéndole frente y arriesgándose a pertenecer a uno de los grupos mencionados anteriormente.

Esto que describo es sólo una pequeña muestra de lo que está pasando en el mundo actualmente. No es sólo en una ciudad, no es sólo en una ciudadela, es todo el mundo. ¿Quién iba a pensar que en pleno siglo XXI viviríamos una pandemia de esta magnitud? Pensábamos que lo teníamos todo bajo control, que la tecnología estaba tan avanzada, y ni hablar de la ciencia. Llegó un virus y nos volvió chiquitos a todos. Pero esta pequeñez sacó desde lo más profundo de nuestro ser una grandeza que tal vez no conocíamos, y nos convirtió, nos sigue convirtiendo. Sacó nuestros más bajos instintos así como nuestros más nobles sentimientos, demostrados en nuestras acciones del día a día. Unos se rinden ante esos bajos instintos y otros se llenan de esa gran nobleza. Esos actos son los que nos indican quienes serán héroes en esta guerra. Y los vemos en padres, madres, médicos, policías, bomberos, enfermeras, tecnólogos, recolectores de basura, cajeros y muchos más. Es una guerra que aún no acaba, que continúa dándonos batalla tras batalla. Es larga, sangrienta, contra un enemigo cobarde e invisible, muchas veces desoladora y llena de dolor.  Pero como todo mal, saca a relucir el bien, y el heroísmo de aquel ser humano que es lo suficientemente valiente como para hacerle frente.

No podría saber cuantos nuevos héroes han aparecido y seguirán apareciendo, pero el saber que los tenemos me da un gran sensación de esperanza, de fe y de bienestar. Tendremos un mejor futuro gracias a ellos, eso lo puedo asegurar.